Castilla-La Mancha ha alcanzado un nuevo récord con 1.051 ejemplares de lince ibérico, convirtiéndose en la comunidad autónoma con mayor población de esta especie en toda la Península Ibérica. Un éxito que merece ser celebrado, pero también una oportunidad para decir una verdad que durante años muchos han querido ignorar.
Desde ATICA llevamos décadas defendiendo que la mejor garantía para la conservación de las especies amenazadas pasa por una adecuada gestión de los terrenos cinegéticos. Hoy, los datos nos dan la razón.
Mientras se han invertido miles de millones de euros en programas, estudios y proyectos de recuperación, la realidad sobre el terreno demuestra que gran parte del éxito del lince ibérico se ha producido en fincas y cotos de caza donde existe una gestión constante del hábitat, de las poblaciones de conejo y de los recursos naturales. Allí donde se cuida el campo, prospera la biodiversidad.
La expansión del lince desde Doñana hasta el centro de la Península no es fruto de la casualidad. En numerosos cotos de caza conviven poblaciones estables de lince con águilas imperiales, águilas perdiceras y otras rapaces amenazadas. Es la prueba evidente de que la gestión cinegética responsable no solo es compatible con la conservación, sino que constituye una de sus herramientas más eficaces.

El récord del lince vuelve a demostrar quién cuida realmente el campo
Hace apenas unas semanas, Mercedes Gómez, consejera de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha, reconocía públicamente la importancia de los cotos de caza en la recuperación del lince ibérico. Desde ATICA valoramos esas declaraciones, aunque creemos que la contribución de los gestores cinegéticos ha sido aún más determinante de lo que habitualmente se reconoce.
Miles de cazadores y gestores rurales dedican tiempo, esfuerzo y recursos económicos propios a conservar el medio natural. No obtienen subvenciones millonarias ni desarrollan su trabajo desde un despacho. Pagan matrículas, arrendamientos, mejoras del terreno y actuaciones de conservación que benefician a toda la fauna, sea cinegética o protegida.
Por eso resulta difícil entender que quienes sostienen gran parte de esta riqueza natural continúen siendo señalados o cuestionados por determinados sectores. Los hechos son tozudos: donde existe una gestión cinegética seria y responsable, hay fauna, hay biodiversidad y hay futuro para muchas especies que estuvieron al borde de la desaparición.
La recuperación del lince ibérico es una magnífica noticia para todos. Pero también es el momento de reconocer a quienes han contribuido decisivamente a hacerla posible: propietarios, guardas, gestores y cazadores que, generación tras generación, han mantenido vivos nuestros montes y nuestros ecosistemas.
Si hoy celebramos este récord histórico, una parte fundamental del mérito está en el mundo rural y en la gestión cinegética. Reconocerlo no es una opinión; es simplemente reconocer la realidad.
Viva la caza. Viva el mundo rural.