El campo español vive una etapa de enorme presión. Agricultores y ganaderos afrontan un aumento continuado de costes —energía, insumos, alimentación animal— al mismo tiempo que soportan una creciente carga burocrática y exigencias normativas cada vez más complejas. A ello se suma la entrada de productos de terceros países que no están sometidos a los mismos estándares sanitarios, medioambientales y laborales, generando una competencia claramente desequilibrada.
Desde ATICA queremos expresar nuestro apoyo firme a quienes sostienen la base productiva del medio rural. La agricultura y la ganadería no solo garantizan alimentos; mantienen el paisaje, fijan población y preservan una forma de vida que vertebra nuestro territorio.
En ese equilibrio también desempeña un papel esencial la gestión cinegética responsable. El control ordenado de las poblaciones de fauna silvestre es fundamental para evitar daños en cultivos, reducir riesgos sanitarios y prevenir accidentes. Los titulares de cotos, en coordinación con agricultores y ganaderos, contribuyen activamente a esa gestión del territorio, asumiendo costes y responsabilidades que muchas veces pasan desapercibidos.
El mundo rural no necesita enfrentamientos artificiales ni decisiones alejadas de la realidad del campo. Necesita coherencia, reciprocidad en los acuerdos comerciales y una simplificación normativa que permita trabajar con seguridad jurídica y rentabilidad.
Defender a nuestros agricultores y ganaderos es defender nuestros pueblos. Y defender una gestión responsable del medio natural es garantizar el equilibrio que hace posible su futuro.